arte na periferia: Especial Brasil no jornal espanhol El País

20 de maio de 2010

Especial Brasil no jornal espanhol El País

Outro presidente desses vai demorar...

“Brasil es un país serio y este es un camino sin retorno”


Lula explica la transformación brasileña en el encuentro organizado en Madrid por EL PAÍS y ‘Valor Económico’

JORGE MARIRRODRIGA – Madrid – EL PAÍS

Previsibilidad, pero sobre todo seriedad. Eso es Brasil. Este es el mensaje que, acompañado de unas cifras apabullantes sobre su gestión, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, transmitió ayer en Madrid a los asistentes al encuentro Brasil. Alianza para la nueva economía global, organizado por EL PAÍS y el diario brasileño Valor Económico. Y con una coda importante: “Es un camino sin retorno”, subrayó el ex sindicalista.
En la recta final de su gestión -en octubre se celebrarán elecciones presidenciales y el 1 de enero de 2011 abandonará el poder-, Lula expuso ante numerosos empresarios españoles y brasileños varias pinceladas de lo que ha supuesto su paso por la residencia presidencial de Planalto. El mandatario se marcha con 14 millones de puestos de trabajo creados, con 30 millones de pobres incorporados a la clase media y con poder de consumo y con el número de plazas en universidades estatales duplicado. “Y además a nadie le inquieta quién va a ganar las elecciones. Ese es el gran cambio en Brasil”, apostilló el presidente, quien además apuntó otro gran cambio en la estrategia brasileña: “Hay muchas empresas e inversiones españolas en Brasil, es la hora de que haya inversiones brasileñas en España”, dijo.
Improvisando, con apenas unas notas delante, Lula trenzó en su discurso la modestia personal con el orgullo nacional brasileño y el aviso de que el gigante sudamericano se ha despertado y exige voz y voto en la escena internacional. En toda. “Brasil será una gran potencia económica, pero queremos transformarnos en un gran agente político. Los números son sólidos y el país es serio y previsible, y ahora seremos un actor global”, anunció. Y así, asumiendo el papel de líder de un país con peso económico internacional, el presidente brasileño estuvo especialmente duro con la gestión europea de la crisis económica y financiera. “¿Por qué Alemania se ha demorado tanto en ayudar a Grecia? ¿Por qué Europa ha tardado tres meses en ayudar a Grecia? Los países dependían de una decisión colectiva que de colectiva no tenía nada. Se trataba de que Alemania dijera sí”. Y dirigiéndose a Felipe González, presente en la sala, tuvo palabras para el presidente del Gobierno, José Luis Zapatero: “Está pagando por algo de lo que no tiene la culpa y mientras los verdaderos responsables hacen como si no tuvieran nada que ver, España, Portugal o una Europa debilitada sufren las consecuencias”.
Acto seguido explicó la actitud de su Administración ante la crisis. “Hemos tomado todas las medidas necesarias ante la crisis. No me imagino qué más se puede hacer. Deben saber que en Brasil la televisión está haciendo auténtica apología del consumo. La televisión les dice a los brasileños ’si usted no está comprando porque tiene miedo de que pueda perder su empleo, terminará perdiéndolo. Compre’, y tengo que decir que son las clases más bajas del país las que han respondido, las que más han consumido”.
Con tono apasionado y dirigiéndose al auditorio en ocasiones con la expresión “compañeros y compañeras”, Lula expuso algunos ejemplos concretos de cómo ha mejorado la vida de los brasileños. Y lo hizo con el mismo lenguaje que utiliza en Brasil y que le ha permitido conectar con el electorado del gigante sudamericano de 180 millones de habitantes. “Cuando pregunté a los bancos por qué no se daban créditos a la gente me contestaron: ‘porque luego no los pueden pagar’; estaban negando el derecho a la vivienda”. “Hemos tenido que acabar con la mentalidad derrotista. Cuando llegamos al poder se escuchaba ‘Brasil está en quiebra’, ‘Brasil tiene una deuda insoportable’. ¡Y eso te lo dicen tus propios compañeros!”. “Al llegar al poder me encontré con cuestiones que parecían simples pero que no se resolvían: ¿Por qué no se puede pagar un salario que permita a la gente comprar?”.
Levantando una sonrisa en el auditorio, Lula reconoció sus limitaciones. “No soy economista, pero cuando llegué al poder supe que había que debatir sobre economía… y de debates sé mucho”. El hombre que convirtió al Partido de los Trabajadores en la primera fuerza política de Brasil recordó los tres pasos básicos que dio al llegar a la presidencia. “Había que probar que era compatible hacer crecer la economía de país y distribuir la renta; que es posible exportar y a la vez hacer crecer el mercado interno, y que aumentar el salario mínimo no quiebra el sistema de previsión social y no dispara la inflación”.
Lula considera como uno de sus grandes éxitos el haber terminado con la dicotomía público / privado en la concepción de la política económica. “Es una discusión equivocada”, opinó para poner como ejemplo una de sus primeras medidas: la compra por el Estado del 50% de una entidad de crédito privada precisamente para estimular el consumo.
El resultado, más allá de las cifras económicas -y de la aspiración confesada ayer por el propio presidente de convertir a Brasil en la quinta economía del mundo- es resumido por Lula en una palabra: autoestima. “Siempre nos habían dicho que éramos mediocres. Todo lo del exterior era mejor y había quien le daba vergüenza decir que es brasileño. Eso se ha acabado en el Brasil de hoy. De hecho, el pueblo brasileño es de los más trabajadores y creativos”.
Brasil reclama desde hace años un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, una iniciativa en la que no tiene el respaldo de España más partidaria del aumento de la representación y equilibrio regional en el órgano. “No estamos de acuerdo con el actual modelo de gobernanza mundial de la ONU surgido en 1945. Hay que dar más presencia a África, a América Latina a India y a Japón. Cuantas más decisiones se tomen fuera de la ONU, más decisiones serán unilaterales. Si la ONU sigue así vamos a tener problemas”, advirtió. Lula fue más lejos e incluso puso en duda la importancia de foros de reciente creación como el G-20. “El G-20 funcionó en un primer momento, pero su poder de decisión es escaso. La cuestión ahora es ¿cuál es el organismo multilateral que regula el funcionamiento financiero?”.
Lula terminó reivindicando su negociación directa ante Irán en la cuestión de la crisis nuclear. “Sin involucrar a más actores no podemos tener tranquilidad en Oriente Medio”.

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